La Unidad de Asistencia a Drogodependientes (UAD) del Concello de Pontevedra ya dispone de servicio de seguridad para garantizar las condiciones de trabajo del personal municipal adscrito a este centro.
La concejala de Bienestar Social, Margarita Castejón, dotó a las oficinas de un guarda jurado para evitar situaciones de riesgo como las que se tienen producido en los últimos meses, aunque de manera esporádica.
La concejala socialista se había comprometido a solventar la carencia de vigilancia en esta unidad, si bien insistió en que la tónica general es de absoluta normalidad y tan solo se ve alterado por personas violentas en «contadísimas excepciones». Dada la imposibilidad de que la Policía Local mantuviera una vigilancia permanente en las instalaciones, se optó por contratarla con una empresa privada.
El servicio de expedición de metadona se está prestando de manera provisional en la calle Julio Camba, hasta que rematen las obras de acondicionamiento en las oficinas de la UAD en la plaza de Valentín García Escudero. Los trabajos adjudicados por el departamento de Bienestar Social con un presupuesto de 30.000 euros, están ya en la recta final y se prevé poder disponer de las instalaciones remodeladas en pocas semanas.
Castejón señaló que la actividad de UAD no se vio interrumpida durante la duración de las obras, ya que la actividad del servicio se traslado a un local de la calle Julio Camba y a la Casa Azul, en la rúa Sor Lucía.
la UAD cuenta con una plantilla de nueve profesionales ( dos médicos, dos psicólogos, un enfermero, dos auxiliares de clínica un administrativo) que atienden los programas de tratamiento con metadona y naltrexona, y prestan atención médica, psicológica y social a los usuarios.
Margarita Castejón destacó la profesionalidad y buen hacer de toda la plantilla, que a veces tiene que afrontar situaciones difíciles.
La necesidad de dotar al centro de seguridad privada quedó más que patente en octubre del pasado año, cuando un enfermero resultó herido al ser agredido por el acompañante de una usuaria, que se mostró disconforme con las pautas establecidas para su tratamiento con metadona. El agresor se abalanzó sobre el sanitario, al que causó una lesión en una mano y otros golpes y rasguños.
La obligatoriedad por parte de la citada usuaria de acudir diariamente al servicio para recibir la metadona fue al parecer el desencadenante de la agresiva actitud de su acompañante.
Al parecer hubo otros problemas con pacientes alterados que aceleraron la contratación de un guarda jurado.


