Montserrat no gana para sustos. Un mes y medio después del aparatoso desprendimiento de rocas que obligó a cortar la carretera de acceso y el cremallera, los Mossos d'Esquadra tuvieron que desalojar ayer la basílica cerca de dos horas por la presencia de un objeto sospechoso de ser una bomba.
El artefacto resultó
no ser más que un termo de café olvidado por algún
despistado. Pero lo que podría haber quedado en una
anécdota provocó un buen alboroto ya que alteró la
rutina del domingo, día en que el santuario se llena
de peregrinos. Además, ayer se sumaban los 200
excursionistas que llevaban al monasterio la Flama
de la Llengua.
Hacia las 9.30 horas, los Mossos recibían la llamada
de un vigilante de seguridad alertando de la
presencia de un objeto sospechoso ante la fachada de
la basílica, en la entrada desde la plaza grande.
Los agentes que se trasladaron hasta el monasterio
decidieron desalojar el templo por prudencia. Poco
después de las 10.30 horas, al salir los
participantes en la misa matutina, los Mossos
evacuaron el interior del templo y sus
inmediaciones, antes de que la sala tuviera tiempo
de llenarse de los asistentes al siguiente oficio.
POR SEGURIDAD
"Estábamos visitando la basílica cuando unos policías nos han hecho salir por razones de seguridad", explicaba uno de los desalojados, Rafael Rodríguez. Montserrat Serra se sorprendió de que, al ir a ver a la Moreneta, los Mossos le impidiesen el paso: "Nos han prohibido entrar porque había una amenaza de bomba", contó atónita.
Los agentes acordonaron la plaza a la altura de la entrada del museo, donde delante de la cinta policial, además de los curiosos, se acumulaba la gente que quería asistir a la eucaristía de las 11. En esa misa los montañeros del Club Excursionista Pirenaic, que acababan de llevar desde Marganell (Bages) la Flama de la Llengua, querían hacer la ofrenda a la virgen de Montserrat.
EVACUACIÓN PARCIAL
A pesar del desalojo, la misa se celebró igualmente con toda la comunidad benedictina y los monaguillos alrededor del altar, pero con poco público. "No hemos salido porque ya se veía que no era un asunto grave", razonaba un portavoz de los monjes, Ignasi Foses. Ni la abadía ni la escolanía fueron evacuados al considerar que el objeto estaba lo suficientemente lejos y no corrían ningún riesgo.
Posteriormente, el perímetro acordonado se amplió hasta la plaza del cremallera, cerrando así los accesos a la plaza grande e indignando a más de un visitante. El restaurante y la cafetería se llenaron de peregrinos y excursionistas. Entre ellos estaba el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol y el exsenador Lluís Maria Xirinachs, que participaban en los actos de la Flama de la Llengua.
Los artificieros
especialistas de los Mossos d'Esquadra no hicieron
acto de presencia hasta cerca de mediodía. En media
hora, confirmaron que el objeto peligroso servía
solo para mantener caliente el café o el té. A las
12.30 horas se retiró el cordón policial y
Montserrat volvió a ser el de cada domingo. Eso sí,
sin abrir el cremallera y con la carretera de acceso
con un paso alternativo regulado con un semáforo.
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