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Viernes, 18 de febrero de 2005

MADRID
incendio en el edificio windsor
El sector de la seguridad privada denuncia el «obsoleto» sistema antiincendios de la torre
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El rifirrafe de acusaciones en torno a la responsabilidad del incendio en el Windsor ha desatado una oleada de «indignación» en el gremio de la seguridad privada. Tras las especulaciones sobre una posible negligencia en la actuación de los vigilantes de la torre incendiada, desde el sector critican el «desamparo» del colectivo y defienden la correcta actuación de sus trabajadores.
Los sistemas de alarma «obsoletos» del Windsor y la falta de un jefe de seguridad en el edificio —sus labores las realizaba un responsable de mantenimiento— son dos de los argumentos que esgrimen desde el sector. Según Alternativa Sindical de los Trabajadores de Seguridad Privada, uno de los sindicatos con más representación, el dispositivo que se empleaba en el rascacielos siniestrado ofrecía poca capacidad de reacción.
«Si saltaba alguna alarma, la persona que estuviera de ronda en el edificio tenía que bajar al sótano, a la central de alarmas, para poder visualizar dónde estaba el incendio», asegura Francisco Lahiguera, portavoz sindical. En total, 16 personas se encargaban de la seguridad del Windsor, cuatro de ellas el día del siniestro. Uno, en recepción, otro, en la calle, y los dos restantes recorriendo el inmueble.
Según Lahiguera, los sistemas modernos permiten visualizar «ya desde recepción dónde está el origen del fuego, en un radio aproximado de cinco despachos, lo que permite actuar con más rapidez». En el caso del Windsor, desde el sótano sólo se podía reconocer la planta afectada y el ala, norte o sur.
A eso se suma, dice, la falta de un jefe de seguridad, una tarea que era asumida por el jefe de mantenimiento. Pese a que, según el portavoz, la propiedad no estaba obligada a contar con un responsable de estas características «porque el equipo de vigilantes no alcanzaba el número suficiente estipulado por el Reglamento de Seguridad Privada», el rascacielos «tenía el suficiente empaque como para tenerlo, y coordinar así las situaciones de emergencia y crear un operativo de trabajo».
La tarea se quedaba en manos entonces del encargado de mantenimiento, una persona que, según el sindicato, «no tiene la formación ni la titulación específica para dirigir un equipo de seguridad y tener previstos protocolos de actuación en caso de incendio, robo, intrusismo o cualquier circunstancia». El resultado, dicen, está a la vista: los vigilantes «hicieron lo que hubiéramos hecho cualquiera, comprobar el foco e intentar sofocarlo».
El problema de las llaves
Los juegos de llaves de los despachos también entrarían a formar parte del problema. «Cuando hay un jefe de seguridad, el vigilante está más protegido y tiene más libertad de movimientos y puedes, entre otras cosas, tener las llaves contigo. Eso ahorra tiempo y en el Windsor no era el caso. Se cogían bajo tu responsabilidad. Cuando se localizó el despacho estaba cerrado y hubo que subir con las llaves». La conclusión del sindicato es que sus trabajadores están a veces «con las manos atadas».
Mientras tanto, los espectadores de excepción del revuelo siguen siendo los cuatro empleados de la empresa Prosegur que trabajaban la noche del siniestro en la torre Windsor.
De momento están en casa, a la espera de un nuevo destino, y, según el sindicato, están muy afectados. «Estaban cumpliendo con su deber, pero siempre pagan los mismos». De momento, Alternativa Sindical ha convocado una concentración el 1 de marzo a las puertas del Ministerio del Interior. El objetivo, reivindicar el cumplimiento de la Ley de Seguridad Privada.
La misma crispación se vivía ayer entre el personal de seguridad que trabaja habitualmente en los edificios de Azca. Muchos, cabreados por convertirse en centro de atención, rehusaron hacer declaraciones. Los que sí lo hicieron sacaban una conclusión: «cuando pasa algo es negligencia nuestra».
El jefe de seguridad del edificio Mahou no piensa callarse. «Como nos ven sentados creen que estamos jugando a la Playstation». Dice que nunca se ha visto involucrado en ningún incidente gordo, pero el sonido de las alarmas es habitual. «Se activan por una subida de temperatura o por el polvo. Aquí todos los despachos tienen dispositivos. Se va al punto y ya. Es rutina pura».
El agua se coló en el edificio Mahou
Uno de sus compañeros asistió en directo al incendio del Windsor. Esa noche estaba de guardia en la torre Mahou. «A las nueve ya vimos fuego en una ventana. La preocupación era nuestra caja eléctrica. Está en el sótano y el agua empezó a filtrarse en los bajos». Al final no hubo riesgo, pero los propietarios del inmueble —Mutua Madrileña Automovilista— se personaron en plena noche y la compañía de seguridad envió refuerzos.
En el edificio Axa, muy cerca de El Corte Inglés, los ánimos también están caldeados. «Después de lo que se ha dicho de esos chicos del Windsor, no queremos hablar», dice un guarda jurado. Al final, termina comentando. «Parece que somos unos inútiles. En las películas nos ponen de vagos o de tontos y el trato siempre es el mismo». Algo ha fallado, según él, y es que «se ha crucificado a los cuatro vigilantes antes de que termine la investigación. Cuando se demuestre sí, antes no».
El responsable de mantenimiento y seguridad de Axa, Ángel Puente, está orgulloso del dispositivo antiincendios instalado en la compañía de seguros «aunque espero que no tengamos que utilizarlo». Es empleado de la empresa, pero apoya la actitud de los vigilantes. «Es lógico que estén ofendidos. Siempre se va antes a por el débil».