Juancho Sánchez
Madrid- Hasta ayer no habían dicho ni una palabra, pero los cuatro
vigilantes de seguridad que estaban en el rascacielos Windsor la noche de
su incendio aprovecharon su declaración ante la Policía Judicial para
defenderse del linchamiento al que se han sentido sometidos en los últimos
días y pasar a la ofensiva. Para empezar, se mostraron confiados en que no
cometieron un solo error, ya que todos sus actos respondieron «al
protocolo oficial para estas situaciones». Afirmaron que dieron la voz de
alarma a los bomberos apenas diez minutos después de comprobar que había
fuego y que no podían apagarlo con los extintores de seguridad. Y
alegaron, contra quienes les habían acusado de avisar demasiado tarde, que
«los bomberos tardaron entre quince y veinte minutos en subir hasta la
planta 21, tiempo que tardaron en hacerse con los planos del edificio y
encontrar las vías para el empleo de agua.
La película de los
hechos, según su relato, al que tuvo acceso Telemadrid, fue la siguiente:
En primer lugar, dijeron que los «sensores termovelocimétricos», que miden
los cambios de temperatura superiores a diez grados por minuto, hicieron
saltar la alarma pasadas las once y diez de la noche. En ese momento, uno
de los cuatro agentes bajó al sótano a comprobar en las cámaras de dónde
podía proceder el aviso. Fue cuando se enteró que un despacho de la planta
21 había comenzado a arder.
LA RAZÓN habló ayer con
Alternativasindical, central que aglutina a más de 1.200 de los 20.000
vigilantes de Madrid y al que están afiliados los empleados del Windsor.
El secretario de este sindicato, Ernesto Ausín, explicó que, según uno de
los trabajadores del Windsor que ese día no estaba de servicio, en el
rascacielos «el puesto de control principal y la mayoría de las cámaras
están en el sótano 1», lo que justificaría por qué el agente tuvo que
desplazarse hasta ese piso.
Cuando comprobó que la alarma era real,
el vigilante avisó a uno de sus compañeros, «el más veterano», explican
las fuentes consultadas, que en ese momento hacía la ronda –uno de los
cuatro siempre estaba de ronda, en la que se emplean unas dos horas– y que
se acercó hasta la planta que se le indicaba. Por el humo encontró el
despacho que se quemaba con mucha rapidez y pudo ver, a través de una
pequeña cristalera, que, presumiblemente, el origen de las llamas «estaba
en un aparato de aire acondicionado». Se da la circunstancia de que había
cuatro empresas que trabajaban en obras de reforma en el Windsor desde
hacía un año: Axima, Crespo y Blasco, FCC y Teprosol. Todas se han
desvinculado de los hechos.
De nuevo en la película de los primeros
minutos del incendio, el vigilante avisó –otra novedad en el caso– a un
miembro del equipo de mantenimiento, quien acudió acompañado de otros dos
vigilantes, que subieron para, «cumpliendo el protocolo de actuación»,
tratar de apagar el fuego con extintores.
El empleado de
mantenimiento abrió la puerta del despacho y fue entonces cuando los
vigilantes, tras verter el contenido del extintor sobre las llamas,
comprobaron que no podrían apagarlo. El «veterano» dijo que había que
llamar a los bomberos y, al parecer, lo hizo desde un teléfono situado en
la misma planta (otras fuentes dicen que no fue por teléfono, sino por
radio). En cuanto a la planta, también hay versiones divergentes, ya que
el concejal de Seguridad del Ayuntamiento, Pedro Calvo, anunció ayer que
la llamada a los bomberos llegó desde la planta 25, y no desde la 21, como
parecen indicar los vigilantes.
En cualquier caso, los empleados de
Prosegur aseguran que «no pasaron más de diez minutos entre la primera
alarma por el fuego y el aviso a los bomberos», por lo que rechazan la
posible acusación por «negligencia». Es más, si se habla de perder un
tiempo precioso, aseguran que los bomberos no atacaron el incendio nada
más llegar, sino que tardaron «entre quince y veinte minutos en comenzar a
echar agua en los pisos afectados», ya que se negaron a subir hasta el
lugar del siniestro hasta no tener los planos del edificio y hasta no
tener controladas las columnas secas del agua, que son las fuentes de las
que se nutren las mangueras y que, según algunos informadores consultados,
se habrían instalado en el último año, «ya que en 1979, cuando se terminó
el edificio, no eran obligatorias».
En este sentido, fuentes
cercanas a los bomberos han hecho saber en muchas ocasiones estos días que
la presión del agua era insuficiente en el Windsor, por lo que no se
podían cargar las bombas, y también han asegurado que la carga de fuerza
del incendio era demasiado fuerte para haberse producido a la hora que los
vigilantes dicen. Uno de los agentes que participó en el siniestro afirmó
ayer a este periódico que, cuando llegó, «ya eran tres, y no dos como se
ha dicho, las plantas afectadas», y que apenas se veía nada.
Manguera desenrrollada.
También explican los bomberos que al subir hasta la planta 21 encontraron
la manguera que había en este piso desenrollada y en el suelo, y que
cuando trataron de utilizarla descubrieron que no había presión. En cuanto
al hecho de que las llamas se propagaran con tanta celeridad y virulencia,
una explicación podría ser que el fuego empleara los conductos del aire
acondicionado para ir saltando de despacho en despacho y de planta en
planta. Esta hipótesis cobraría más fuerza si se da por válida la versión
de los vigilantes jurados de que pudo ser en un climatizador donde
surgieron las llamas. Además, hay que recordar que el edificio estaba en
obras. Por último, los vigilantes no descartaron que el aparato de aire se
hubiera quedado encendido desde el viernes y se recalentara, provocando
que saltar la chispa.