Cuando la primera dotación de bomberos llegó al edificio Windsor, cuatro minutos después de llegar el aviso de que había un incendio, ya era tarde. Las llamas asomaban por las ventanas de la planta 21. Ardía Azca, el corazón financiero de Madrid. Con rotundidad, responsables municipales indicaron ayer que el fuego se había iniciado mucho antes de que los vigilantes del rascacielos dieran la alarma, a las 23.21 horas.
Dieciocho horas después de que se diera la alerta, el rascacielos era sólo esqueleto, el humo ascendía hacia el cielo de la capital y el fuego se daba por controlado.
«Soy el vigilante de seguridad del edificio Windsor, en Raimundo Fernández Villaverde, 65. Es para decir que hay fuego en la planta 21; confirmado, y estamos evacuando ahora mismo». Esa fue la llamada de uno de los cuatro guardas de la empresa Prosegur a los bomberos.
¿La hizo cuando el fuego apenas se había iniciado o cuando era imposible controlarlo? Las versiones son encontradas.
La empresa se limita a decir que siguió el protocolo, y los dueños del edificio, la familia Reyzábal, que todas las alarmas funcionaron.
¿En qué consiste el protocolo? La empresa guarda silencio. «Hay una investigación», se limita a decir.
Una portavoz de la familia aportó a M2 detalles más precisos: «Saltó la alarma, los vigilantes y personal de mantenimiento subieron a la planta 21 e intentaron apagar el fuego. Tenía una velocidad de vértigo. Evacuaron, porque había una persona, un trabajador de una empresa, en la planta nueve».
La duda es si esa intervención se produjo cuando el fuego acababa de comenzar o llevaba ya mucho tiempo devorando el edificio.
Si algo llama la atención a los expertos de este incendio es tanto su virulencia como su duración.
Ricardo Aroca, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid y experto en estructura de edificios, lo comentó con los técnicos de bomberos cuando se acercó, por la tarde, al pie del rascacielos.
En la torre se realizaba una profunda reforma para adecuarlo a la nueva normativa contra incendios, de 2003. Curioso, se estaban instalando puertas corta fuegos y sensibles sistemas de detección de humos. ¿Estaban activados? Si fuera así, ¿funcionaron?
Lo primero que habrá que determinar -y esa será labor de la policía científica en cuanto pueda entrar al rascacielos- es si el incendio fue provocado o fortuito.
El alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, fue preciso al declarar que si en el momento de originarse el fuego no había nadie en las primeras plantas afectadas (21 y 22), se determinará que el origen fue fortuito. Pero dejó claro que se investigará si se inició antes, cuando podía haber gente en ese espacio, lo cual invitaría a contemplar «otras posibilidades, en su caso, de negligencia».
Cuando se detectó el incendió los cuatro vigilantes del edificio estaban repartidos en distintos puestos: uno se encontraba en el centro de control, en el que se ubican los paneles desde donde se vigila el funcionamiento del edificio; dos en los controles de acceso y otro que hacía la ronda por el interior del inmueble.
A las 23.25 horas del sábado los primeros bomberos llegaban al pie de la torre. Los jefes del cuerpo dispusieron una estrategia para combatir las llamas.
Primero se optó por un «ataque ofensivo», explicó Merardo Tudela, subdirector general de los Bomberos del Ayuntamiento. Accedieron al interior del rascacielos, trataron de subir hasta la planta que estaba ardiendo y combatir las llamaradas con los propios servicios del edificio. Fue imposible. El fuego estaba desbocado, se propagaba a gran rapidez hacia las plantas superiores, atravesaba los paneles técnicos entre las divisiones internas de un mismo piso y no se podía frenar.
Se comprobó que el agua que salía por las mangueras no tenía suficiente presión. Incluso, indicaron responsables del Ayuntamiento, que se había intentado utilizar o se habían utilizado los dispositivos contraincendios. Tres bomberos tuvieron que ser atendidos. Leves.
«Llega un momento, a la una de la madrugada, debido al estado del edificio y a cómo se propaga rápidamente el fuego, en que decidimos plantear una estrategia defensiva», explicó Tudela a Efe. «Empezamos a garantizar que el incendio no se extendiera a otros edificios».
El principal temor a esa hora es que el fuego salte a El Corte Inglés. Los bomberos se hicieron fuertes en la tercera planta del centro comercial. Se trataba de combatir de inmediato cualquier resto incandescente que cayera desprendido de la estructura de la torre Windsor, que las llamas derretían sin piedad, como si fuera un helado.
Los bomberos sólo podían ver ya cómo se fundía y desaparecía poco a poco. Se afanaban en enfriar los alrededores. «Terrible, hubiera sido terrible la propagación del fuego», dijo a este periódico el consejero de Interior y vicepresidente de la Comunidad, Alfredo Prada.
A las 05:00 horas se vivió uno de los momentos de mayor tensión.El fuego superó la planta 17 -donde existe una gran plancha de hormigón que, se pensó, podía frenar las llamas-y empezó a quemar siete u ocho pisos a la vez. Se temía que el derrumbe podía ser inmediato.
Aún no se descarta. Aroca explicó que, según él, se mantendrá en pie, aunque el enfriamiento de toda la estructura será determinante para poder afirmarlo a ciencia cierta.
El rascacielos alcanzó temperaturas de 1.000 grados. Tantas calorías derritieron los metales y dañaron su estructura. Aunque resistió, es evidente que los daños son irreversibles. El edificio se mantenía «en un equilibrio inestable» y estaba «en una situación crítica».
Tras haber aguantado al fuego, ahora se verá si aguanta al frío.Los elementos de metal retorcidos que cuelgan de la fachada pueden reaccionar durante el enfriamiento hasta provocar tensiones estructurales de imprevisibles consecuencias.
En la zona superior del rascacielos permanece una grúa pluma que ha aguantado las llamas, pero que en cualquier momento puede desprenderse y golpear en el esqueleto dañado y desequilibrarlo.
La caída, en cualquier caso, no pondría en riesgo los túneles de Azca, un complejo financiero asentado sobre un conjunto de calles subterráneas que podría hacer pensar en una gran endeblez.
Ingenieros y arquitectos consultados por este periódico señalaron que si la torre cae, su impacto no repercutiría sobre los túneles, ya que entre los edificios y los subterráneos hay una plancha de hormigón que amortiguaría el golpe. Lo que no hay manera de precisar es si se derrumbaría sobre su vertical o hacia un lateral.Dependerá de si las llamas han actuado más sobre un flanco que sobre otro, en función de la acción del viento. Aspecto clave, éste, puesto que podría desplomarse sobre algún edificio próximo.
Si se mantiene en pie, habrá que derribarlo. ¿Cómo? Probablemente cortando trozos de hormigón y bajándolos con ayuda de una grúa, al estilo del desmontaje del puente de Cuatro Caminos. Un proceso lento y delicado. Hasta la planta sexta todo es irrecuperable.
Las dudas las despejarán los investigadores. Apagado el fuego, se entrará en lo que queda del edificio para reconstruir qué pasó realmente en la planta 21 antes de las 23.12 horas. Entonces se sabrá dónde empezó y cómo. Y cuándo se avisó.